YO SUFRÍ MOBBING: UN ASESINATO PROFESIONAL Y PSICOLÓGICO

YO SUFRÍ MOBBING: UN ASESINATO PROFESIONAL Y PSICOLÓGICO
29 / mayo / 2024

QUÉ SE SIENTE CUANDO SUFRES ACOSO LABORAL

Nunca os he contado este episodio de mi vida, un momento en el que lo pasé francamente mal, fue la primera vez que acudí a un psicólogo y fue el motivo por el que dejé el mundo de las organizaciones para dedicarme a cuidar de los demás.

Yo sufrí mobbing y sólo las personas que lo hemos sufrido entendemos qué se siente cuando eres víctima de acoso laboral, un trauma con T grande, algo que te marca para toda la vida.

UN POQUITO DE MI VIDA

Estudié psicología y me especialicé en dos ramas: clínica (que era la que me gustaba) e industrial (que era la que te daba trabajo). Mientras estudiaba, fui voluntaria para la orden de San Juan de Dios acompañando a los enfermos en un hospital psiquiátrico de bastante prestigio en Madrid. Ahí me di cuenta de que dedicarte a la salud mental de las personas no era tan fácil, se requería de mucha más formación de la que tiene un recién titulado. Por tanto, decidí comenzar mi carrera profesional por la rama de Recursos Humanos y adentrarme en el inmenso mundo de las multinacionales.

En mi primera experiencia profesional en la multinacional de ascensores conocí a mi marido y a mi mejor amiga Berta, quién fue mi jefa y con la que sigo manteniendo un gran vínculo. Por tanto, no todos los jefes son malos ni tóxicos, solo aquellos que tienen grandes inseguridades. En esta compañía crecí mucho tanto a nivel profesional como personal. En aquel momento me independicé y fueron unos años maravillosos para mí.

Buscando un nuevo desafío profesional comienzo a trabajar en una de las mayores multinacional de telecomunicaciones. Me seleccionó la jefa que después me hizo mobbing. Fue una gran experiencia para mí, ya que comienzo a llevar un equipo, algo nada fácil, pero a la par divertido. Fueron unos años muy enriquecedores hasta que empieza a haber mucho movimiento en la compañía y empieza a salir lo peor de las personas.

Tras varios años se producen distintas salidas de la empresa y yo soy una de ellas. Habiendo sido meses de mucha incertidumbre y presión, me siento absolutamente liberada cuando prescinden de mis servicios. En aquel momento firmaba la hipoteca de mi casa pero no llegué a estar en el paro, ya que un ex compañero de mi anterior compañía me llama para trabajar en otra gran compañía, y con el que también sigo en contacto habiéndonos ayudado en varios momentos de nuestras vidas.

Allí estoy pocos meses debido a que mi exjefa me llama para trabajar en la compañía dónde se producirá más tarde el acoso laboral por parte de esta mujer.

EL PERFIL DEL PERPETRADOR

Esta mujer ya sufrió en sus propias carnes acoso laboral, trauma que arrastró y la llenó de inseguridades, más de las que ya tenía. Cuando me llamó para trabajar con ella tuve la sensación de que me estaba comprando, que iba a estar a su servicio, que tenía que comer de su mano y así fue. Además entré en el puesto de una persona que la denunció. Estuve trabajando ahí varios años, monté el equipo y desarrollamos todo el área de Recursos Humanos. Nunca fue la misma relación con ella.

Al haber sufrido acoso laboral, esta mujer era un alma herida y se sentía tan insegura que ejercía su liderazgo desde el miedo. De hecho, recuerdo que en una ocasión me dijo: no hay que facilitar la vida a la gente, hay que hacerles que sientan miedo y desde ese lugar colaborarán mejor. Esta señora llegó a puestos de responsabilidad en la gestión de Recursos Humanos de distintos organismos.

¿POR QUÉ Y CÓMO ME HIZO MOBBING?

Simplemente le generaba inseguridad mi liderazgo, mi forma de relacionarme siempre amigable y confiable con las personas de la empresa, además mis conocimientos eran elevados en el área de Desarrollo de Recursos Humanos, todo ello le hacía sentirse inferior, insegura.

Me quedo embarazada de mi primer hijo, y en el séptimo mes yo me encontraba viajando y abriendo delegaciones por toda España. Un día entró un director a mi despacho y ve que yo no me puedo ni mover del dolor que tenía en la ingle. Y me dice, ¿pero qué haces aquí?, ¡Sonia llama a tu médico ahora mismo! Llamé al médico y de ahí me mandaron al hospital y ya no volví a trabajar. Por supuesto, ella no me dijo que llamara al médico o que me quedara en mi casa descansando, todo lo contrario.  Mi baja fue todo un revés para ella.

Me considero una gran trabajadora y siempre he sido muy responsable en mi desempeño laboral, tanto que anteponía mi trabajo a mi salud. Mi exceso de responsabilidad, junto a la manipulación de esta mujer, me condiciona para volver antes de terminar mi baja de maternidad.

A los dos años me quedo embarazada de mi segundo hijo y en el segundo mes de embarazo en una revisión me dejan ingresada porque tengo la tensión por la nubes. Ya no pude volver a reincorporarme por hipertensión y embarazo de alto riesgo. A partir de aquí siento la falta de empatía, entendimiento y se empieza a difamar mi profesionalidad. ¡De repente era una JETA!

Entendí que pasaba algo, ya que cuando estaba en mi casa tenía la tensión bien, pero cuando iba a una consulta médica la tensión me subía. Y eso no es ni más ni menos que el miedo que yo sentía y que mi cuerpo me lo estaba mostrando. Siempre digo que mi hijo me avisó y no me dejaba que volviera. Sentía la tensión, el miedo, el estrés y la ansiedad que me generaba volver a aquel lugar, por el que cada vez que paso aún algo se mueve dentro de mí.

En esos meses es cuando me doy cuenta del perfil de mi jefa, de cómo me manipulaba y me acosaba, era de una manera muy sutil. Su objetivo era que yo no tuviese amistades dentro de la compañía, quería que estuviese solo para ella, para bailar su son. Recuerdo un consultor que me dijo: Tú eres el rottweiler de tu jefa.

Hasta ese momento actuaba sin darme cuenta, porque lo único que yo deseaba era ejercer muy bien mis funciones y el desempeño en mi trabajo para así encontrar su reconocimiento.

Hubo detalles en los que yo no caía en el momento o bien creía que era lo normal, porque yo no lo merecía:

  • Fui la última directiva en tener móvil de empresa y gracias a que la presionaron desde el área de informática, al final me lo dieron.
  • Nunca me subió el salario, pero sí a ella misma, mofándose delante de mí. Ella sentía que me había comprado y que yo le debía todo.

Era así con todo el mundo en el departamento. Recuerdo un compañero que decía: somos como ovejas esperando a ver cuándo el lobo nos come, y cuando nos pasa la mano por el lomo es como si tuviéramos un éxtasis. Era una mujer con un alma muy herida, muy insegura y nos hacía sentir a todos miedo y desprecio. Alguna vez nos animaba, pero siempre nos hacía sentir que no éramos suficientes.

Había más detalles a nivel personal:

  • Una gran amiga mía de la universidad entró como secretaria suya y ella no soportaba que nos fuéramos a comer junas, a ella también la acosó y terminó cambiándola a otra dirección para mantenerla lejos de mí y así excluirme de una de mis mejores amigas.
  • Intentaba salir a las 19:00h (siendo nuestro horario hasta las 17:00h) para dar el pecho a mi primer hijo y se metía en mi despacho con alguna excusa para que no me fuera. Creo que también tenía envidia de mi maternidad, por tanto también quería que yo no ejerciera como “una buena madre”.

REDUCCIÓN DE JORNADA, LA BRECHA QUE LO CAMBIA TODO

Cuando iba a volver de mi baja maternal me planteé qué era lo más importante en mi vida: mi familia. Por tanto, pedí una reducción de jornada. Yo sabía que iba a seguir cumpliendo con mis objetivos y mi rendimiento laboral por mi forma de ser, pero quería más libertad para poder ejercer mi maternidad.

A partir de esta solicitud de la reducción de la jornada abro una brecha y hace que “el depredador” se dé cuenta de que le estoy plantando cara y sale lo peor de él, en este caso de ella. Yo sabía perfectamente que esto iba a ocurrir. De hecho por mi cargo era un precedente en la compañía. Una compañía que recibió un premio de conciliación laboral (conseguido por mi área de RRHH y recogido por ella) no se podía permitir que las mujeres se pidieran una reducción de jornada. TODO ERA UNA FARSA.

A partir de ese momento fui absolutamente excluida, hubo una guerra interna contra mí. Mi propio equipo intentaba boicotearme día tras día. Fue absolutamente agotador. Los sindicatos comían de su mano, con lo cual yo no podía expresar lo que me ocurría con nadie. Yo sentía que había un cocodrilo en mi despacho que me podía comer en cualquier momento. Tenía que estar en alerta de continuo, de tal manera que llegué a descifrar a través del sonido de los pasos al andar quien venía a mi despacho. Sentía tanto estrés y miedo que el mero hecho de escribir un mail me costaba la vida, porque todo lo que hacía era sometido al desprecio profesional más absoluto. En ese momento yo tenía dos niños muy pequeños, Sergio de 2 años y medio y Ernesto que tenía meses. Imaginaros cómo fue para mí todo aquello. No quería renunciar a mi puesto de trabajo porque yo había llegado hasta ahí por mi esfuerzo y no era justo lo que estaba ocurriendo.

CÓMO ME SENTÍA

Enseguida me quedo embarazada de mi tercer hijo. En ese momento empiezo a acudir a un psicólogo experto en moobing quien me hizo un test pericial que indicó en un 95%  mi estado depresivo. Sentía muchísima ansiedad, muchísimo miedo, muchísima inseguridad y yo estaba embarazada, lo que me causaba mayor estrés. Intenté por todos los medios sostenerme, intentaba seguir colaborando, cumpliendo mis objetivos, pero me ponían muchas trampas, era víctima de una acoso continuo e insisto, muy sutil. Esta persona había defenestrado mi honor y mi reputación profesional porque ya no le servía, porque ya no era su rottweiler. Yo le planté cara con un claro objetivo:  conciliar mi propósito de vida, que era mi familia, y mi propósito laboral, que era seguir desarrollándome en el ámbito de Recursos Humanos, pero ella no podía soportar eso.

Cuando estaba embarazada de cuatro meses, mi doctora me da la baja médica al percibir mi situación a nivel emocional. Tras dar a luz intentaron negociar conmigo para que no volviese: me decían que tenía un marido directivo y que como para mí era prioritaria mi familia, debía dejar de trabajar. Ese fue el objetivo de la negociación.

Qué poco me conocía esta mujer con la que había estado trabajando 10 años. A su lado me habían ofrecido irme a abrir Latam en la multinacional de telecomunicaciones. Tan mala profesionalmente no sería, ¿no? Además, ella conocía perfectamente que para mí era muy importante mi carrera profesional y que nunca me planteé dejarla por ser madre.

No les interesaba que una manager de la compañía y más de Recursos Humanos tuviera una jornada reducida, además de haber estado de baja por embarazo de alto riesgo.

Volví a mi puesto de trabajo y eso fue horroroso, no os podéis imaginar la presión a la que fui sometida. Me metían en reuniones a propósito para que hubiese testigos de distintas áreas donde se había mascullado algo por la tarde, cuando ya no estaba por mi jornada reducida y de lo que no era informada. Era entonces cuando me hacían preguntas sobre lo que habían puesto en marcha el día anterior. A partir de ahí ya se trataba de desprestigio profesional a saco. Se fue manipulando a todo el mundo, incluso mi equipo con el que yo me llevaba genial hasta ese momento, y luego colaboraban de continuo en el juego. Prácticamente todo el equipo se puso a su favor porque si no, perdían su puesto de trabajo. De hecho mi amiga, la que fue su secretaria, me retiró el saludo y me evitaba, ya que si no perdería su puesto de trabajo. TODA  LA COMPAÑÍA YA ESTABA SOBRE AVISO, aunque cabe mencionar y no sería justo que me olvidara, de una mujer del servicio médico que entendió toda la jugada e intentó ayudarme y de la que por supuesto prescindieron.

Yo sentía que tenía todo el derecho del mundo a ser madre, a tener 3 hijos, a tener bajas por maternidad, a tener una jornada reducida y poder seguir cumpliendo con mis objetivos laborales. Nunca determiné que eso no se podría hacer, pero ella sí, y cuando digo ella es porque yo no culpo a toda la compañía. En el mobbing hay un chivo expiatorio, una víctima, y por otro lado la persona que está ejerciendo el acoso, que manipula a todo el mundo para que se ponga en contra de esa persona. Es la típica exclusión. Hay que excluir a esta persona del grupo para que se venga abajo, no resista y se vaya.

LES PLANTO CARA, EMPIEZA LA LUCHA

Yo ya estaba muy malita, muy perjudicada en mi salud mental y recuerdo que en un viaje a la playa me dijo mi madre: ¿te merece la pena? Tienes 3 niños pequeños. Eso me hizo reflexionar y tras intentarlo con tres prestigiosos abogados que lo que me decían era que me fuera, conocí al mejor abogado: Nicolás Martín. Íbamos a por todas.

Ellos estaban reuniendo pruebas por todos los medios. Yo había sido su mano derecha y sabía cómo funcionaba esa mujer. Pero yo misma también estaba recopilando mis pruebas y esperando a que movieran ficha. El día que se fue de vacaciones me dio una carta por no haber acudido a un curso y a una reunión por la tarde. Ambas eran una trampa y me amparé en mi jornada reducida.

Siguieron los meses de un verano horroroso. Por ejemplo, el día 14 de agosto, día de mi cumpleaños, tuvo el detalle de mandarme un burofax para desestabilizarme precisamente ese día. Aquí veis el perfil del depredador para desestabilizar la víctima y que termine renunciando a la lucha, ósea al trabajo.  En septiembre yo ya no vuelvo a trabajar, estoy de baja y hay muchísima tensión, llegándose finalmente a un acuerdo muy favorable para mí. Esto demuestra que claramente teníamos todo a favor y eso que al parecer ellos “iban llenos de pruebas”.

¿Y AHORA QUÉ?

En ese momento yo me sentía muy vulnerable, con un gran desequilibrio emocional sin saber muy bien qué es lo que iba a hacer. Estaba perdida y sentía un vacío enorme. Me ofrecieron un puesto de trabajo en la Cruz Roja como directora de Recursos Humanos. Era el puesto de mi vida trabajar para una ONG y dije que no. No quería volver a trabajar en ninguna compañía. Percibía las grandes organizaciones como mundo de tiburones lleno de gente insegura y yo no quería volver a exponerme a eso.

No sabía lo que iba a hacer con mi vida. Tenía en mi cuenta bancaria una gran cantidad de dinero y pensé en montar distintos negocios pero finalmente me decanté por ayudar a las personas a nivel individual.

Tenía todo lo que ocurrió allí, grabado y escrito. Me planteé escribir un libro para ayudar a otras personas víctimas de acoso laboral, pero alguien me dijo que me olvidase de aquello, que sería demasiado para mi y que no le diese más vueltas. Y creo que fue la mejor decisión. Dejé todo aquello atrás y empecé de cero. Empecé tan de cero que hice una obra en mi casa y tiré todo lo que tenía relación con mi desarrollo laboral, hasta mi currículum. Recuerdo que me llamaron para dar clases en la Universidad Politécnica de Cataluña y cuando fui a abrir el armario para coger el CV me di cuenta de que había tirado todo, EMPEZABA DE CERO.

MI GRAN HERIDA

Han sido muchos años de terapia donde realmente no hemos trabajado este trauma con T grande porque dicho trauma ocurrió debido a que yo era un alma herida. Es lo que quiero que entendáis, yo tenía mi propio trauma que me llevaba a esa necesidad de cariño, a esa necesidad de validación, de reconocimiento desde pequeñita.

Cuando tenía 6 años, nace mi hermano Sergio, con síndrome Down y muere cuando tengo 8 años. Desde que nace, mi madre se dedica a él como es lógico, y luego cae en una depresión tras su pérdida. ¿Dónde estaba mamá para Sonia? Un suceso vital tan importante marca de una determinada manera a cada integrante de la familia. Mi gran herida es el sentirme abandonada, el no ser vista, por eso de pequeña llamaba la atención continuamente y de adulta buscaba el reconocimiento a través de mi trabajo.

Desde esa herida seguiría buscando el reconocimiento por todos lados a nivel laboral, salvando a cada uno de mis pacientes, salvando a todas mis amigas, salvando a toda la familia, hasta que me di cuenta de que desde ese lugar solo soy carne de un perpetrador y me convierto en la alfombra de todo el mundo, sin cuidarme ni amarme.

Un alma herida ha de sanar esa herida aprendiendo a amarse. Desde ese lugar nada ni nadie le podrá hacer nunca daño.

Si este podcast te ha abierto la conciencia de que algo en tu vida no va bien, no dudes en hacer terapia cuanto antes. Sólo desde ese lugar podrás sanar tus heridas y vivir en paz.

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